domingo, 26 de junio de 2011

26 de junio: Día Internacional contra la Tortura


La tortura es una clara violación del derecho internacional humanitario, por lo que concierne directamente al CICR. En ocasión del Día Internacional de las Naciones Unidas en Apoyo de las Víctimas de la Tortura, el CICR suscribe la condena de una práctica que atenta contra la vida y la dignidad humanas.

El CICR y el Día Internacional en Apoyo de las Víctimas de la Tortura (Ver texto en inglés)

En 2001, delegados del CICR visitaron a 346,807 personas detenidas en 1,988 lugares de detención, en más de 70 países.

El CICR transmitió 108,280 mensajes Cruz Roja en relación con personas detenidas.

Obviamente, existe la tortura para obtener “información”. Pero por lo general, se recurre más a esa práctica para incriminar, adoctrinar e intimidar que para obtener información.

viernes, 24 de junio de 2011

Dia de la Prisionera Politica. 24 de Junio.

Por: Engie Alvarez.


Varias decenas de presas políticas se encuentran hacinadas en la prision de Guanabacoa, La Habana, son reprimidas bestialmente por los genizaros custodios. La protesta de estas dignas mujeres cubanas habia empezado el dia anterior, cuando la tirania les anuncio que un grupo de ellas serian trasladadas para las ergastulas de Guanajay, carcel situada en Pinar del Rio.

En junio 24 de 1961, una mujer Prisionera Politica, Lydia Perez Leon, fue golpeada e ignorada en su celda, luego murio al dar a luz sin recibir asistencia medica, convirtiendose en un simbolo de la martir cubana. Su esposo Orestes Calle, estaba preso en Isla de Pinos.

Las Presas Politicas cubanas han estado sujetas a tratamiento cruel e inhumano en las carceles, de esta forma se honra a aquellas presas politicas que han sobrevivido el horror de las carceles cubanas y alabarlas por su solidaridad y por la preservacion del espititu humano.

Declarar el 24 de junio, El Dia de la Prisionera Politica fue aprobado por el Senado de la Florida en Mayo de 1989.

Dejo como prueba el documento entregado a mi madre Ena Alvarez en 1989 por Ros-Lehtinen.

lunes, 13 de junio de 2011

Tortura.

El Himno de la Internacional comunista se lo hicieron escuchar a todo volumen por horas, a mi mama, como tortura, amarrada en una silla,  Sucedio en los interrogatorios del G2.
Al salir de la carcel, algunas veces aparecia en la tv como propaganda el Himno, ella la apagaba enseguida.  Una vez recuerdo que se puso la mano en la cara y dijo, no puedo, no puedo escucharlo, no puedo. 


Las clases de piano.

De mi libro: Fidel me robaste mi niñez.

Siempre me gusto la música, creo que lo herede de mi abuela, ella cantaba muy bonito, conocía infinidad de canciones que en las tardes me ensenaba, yo las aprendía fácilmente, era como si las conociera de siempre.

La recuerdo escuchando junto a mi abuelo algunos pasodobles y también llorando, quizás porque pensaba en su familia o el tiempo feliz, antes de llegar el comunismo que hasta con la música termino.

Había en la casa un solo radio, los demás se los llevo el G2 en sus saqueos, era verde, de mi mama, en el escuchaba “La voz de las Américas”, emisora de USA que milagrosamente se captaba en la onda corta, por aquel tiempo. Por cierto, ese radio lo tuvo unos meses en el penal de Guanajay.

En el closet había muchos discos de esos antiguos, los de pasta negra de 78 RV, esos que hacen ra,ra,ra, pero no teníamos tocadiscos, se lo llevaron los genízaros, junto con las grabadoras y las cintas grabadas, buscando mensajes secretos de la CIA, el FBI o Díaz Lanz (mi tío político), los cuales nunca encontraron, porque no existían tales mensajes.

La colección de discos era antiquísima, un valioso tesoro que se había escapado del saqueo en los registros del G2. Todos fueron cuidadosamente colocados por mis abuelos y bisabuela en cajas, a las que se les había colocado alcanfor, como repelente de polillas (que difícil fue conseguir el alcanfor en las farmacias). También se conservaban las partituras hechas a mano por mi tía abuela Celina y dos de puño y letra del compositor cubano Ernesto Lecuona, pues tía Celina, había sido por corto tiempo, antes de casarse, miembro de su coral.

En casa de mi bisabuela por parte de madre, Emilia Perez-Castaneda, también hubo registros, buscaban datos y papeles de nuestra familia, era ella hija de quien fuera gobernador de Pinar del Rio en tiempos de España, sobrina de Tiburcio Perez-Castaneda y Triana, Marqués de las Taironas, ilustre personaje de renombre histórico en Cuba, primo hermano de Vicente Martinez-Ybor, fundador de Ybor City, Tampa, Florida, USA.

A la edad de siete años, mi mama quiso que yo estudiara piano. Busco una profesora dispuesta a darme clases particulares, yo no podía asistir a la única academia que quedo en pie después de cerrar conservatorios, porque no éramos integradas. La maestra que consiguió cerca de casa, vivía en la Avenida 19, se llamaba María Lola, fue tan cariñosa conmigo, tan paciente, si, es yo era muy inquieta, debo confesar que no me gustaba mucho el piano, prefería el órgano y la marimba.

Un día de repente en 1969, nos dio la noticia de que le había llegado la salida del país, llore muchísimo, otra persona más que yo dejaría de ver, quizás por siempre. No pude recibir por mucho tiempo las clases de piano, así que me quede con el segundo año de piano aprobado, y medio del tercero.

Fue difícil conseguir otra profesora, casi todas emigraban, las pocas que quedaban, cuando se enteraban que mi mama fue presa política y cuñada de Díaz Lanz, decían que no tenían cupo. Lógico, tenía miedo relacionarse con nosotras, aceptarme como alumna era un riesgo grande, quizás estaban esperando la salida del país calladamente, podían negarle el viaje y sabe Dios que más, hasta acusarla de agente de la CIA, de enviar mensajes en clave de sol con respuestas en clave de fa, no exagero, es así. La marcada obsesión de que USA los espía, llega a límites inimaginables.

En casa de tío Hendel, (capitán retirado del Ejercito Constitucional cubano) había un piano de cola precioso, siempre permanecía cerrado, un hermoso mantón español colocado encima lo resguardaba. El no quería que nadie lo tocara, había sido de tía Celina, su esposa y la única hermana de mi abuela, que murió de parto siendo muy joven.

En ese piano practico Arturo, uno de sus hijos, desde que lo enviaron a USA en 1960, se cerro y nunca más se volvió a abrir, no había deseos de escuchar música, teníamos demasiado dolor en la familia, saqueos, presos, fusilados, divisiones, emigraciones.

La historia típica de tantas familias divididas por el comunismo, casas que antes eran alegres, llenas de vida, se convirtieron en sitios penumbrosos, llenos de arboles que daban aspecto de abandono para unos, menos para los que conocíamos de la cruel soledad que deja la separación.

Al salir mi mama de la cárcel, en raras ocasiones, quizás en cumpleaños de alguno de nosotros, tocaba el piano, había una pieza que debía ser interpretada a cuatro manos, un boogie boogie que le gustaba mucho, y me enseno, la tocábamos juntas. Buscaba la forma de alegrar un poco a tío Hendel y a mi bisabuela que vivió allí, la mayor parte del tiempo, desde que falleció su hija Celina, se dedico a cuidar de los dos niños al morir su segunda hija.

A principios de los 60 se quedo permanentemente, al expropiarle “La Reforma Urbana” su casa.

Alguien denuncio al gobierno que ella vivía en Ampliación de Almendares, en casa de su yerno y esa otra casa en El cano, estaba vacía, y podían dársela a alguien necesitado del pueblo. Esa era su residencia honradamente comprada hacía muchos años por ella y su esposo. Descaradamente se la robaron para entregarla a unos destructores que la convirtieron en casa de vecindad, creo que hoy en día solo queda el terreno.

Mi mama tocando el piano, aquí en Miami. 1992.

miércoles, 8 de junio de 2011

HEROÍNAS DEL PRESÍDIO POLÍTICO

PATRICK FARRELL / MIAMI HERALD

Georgina Cid y su esposo Orlando Castro en su casa de Miami. Georgina está entre las miles de mujeres presas políticas del régimen de Castro.

NOTA: Georgina (Yoyi) y su eposo, Orlando Castro, son admirados amigos nuestros. A Orlando lo conocí en la Universidad de La Habana, y trabajamos juntos en Sabatés. Orlando participó en el 26 de julio de 1953. El grupo de Fidel Castro atacó el cuartel Moncada en Santiago de Cuba. Orlando y otro grupo atacaron el cuartel de Bayamo. Pudo esconderse en el monte, y hacer contactos que le permitieron regresar a La Habana y asilarse en una embajada. Después del triunfo de la revolución, lo recuerdo vívidamente, mi esposa y yo lo visitamos, y nos dijo que Fidel iba a ser un tirano. Conspiró y lo detuvieron, cumpliendo 20 años de condena. Cuando salió de la carcel vino a EEUU y se ubicó en Miami, donde conocimos a Yoyi, con quien se había casado en Cuba.

Pasó 16 años, nueve meses y cuatro días en las cárceles de Fidel Castro, pero a Georgina Cid todavía la atormenta lo que ocurrió el 7 de diciembre de 1969. En aquel frío amanecer de diciembre de 1969, estando presa, la llevaron a una habitación en una granja de trabajos forzados en las afueras de La Habana que tenía el nombre orwelliano de América Libre. Dos interrogadores le dieron, como opción única, un ultimátum imposible: denunciar las actividades anticastristas de su grupo o que mataran a su hermano mayor que había estado realizando acciones respaldadas por la CIA desde Miami.
Georgina ya había perdido a su hermano menor, Eladio Jr., durante la dictadura de Fulgencio Batista en el ataque de la policía a la embajada de Haití donde el joven había buscado asilo en 1956. Y ahora tenía que enfrentarse a estos dos sujetos sólo meses después de que su padre, Eladio, muriera de un infarto cuando era interrogado por las fuerzas de Castro. ¿Acaso suponían ellos que debía ayudar al régimen? "Les dije: ‘Estoy dispuesta a entregar mi vida por la de mi hermano porque él es mejor de lo que yo soy, y más útil también'', dijo, mientras se limpiaba las lágrimas en su casa de Miami. ‘‘Pero no puedo hacer eso. Esto es una lucha, y no puedo arriesgar la seguridad de nadie para salvar a mis seres queridos''.

Francisco "Paco'' Cid --golpeado, demacrado y esquelético mientras abrazaba por última vez a su hermana presa-- fue ejecutado frente a un pelotón de fusilamiento, dejando a su viuda Ofelia Rodríguez en la cárcel y a un hijo pequeño.

Miles de mujeres como Georgina Cid han tenido que tomar decisiones terribles. Pero mientras los prisioneros políticos han capturado el mayor interés, las mujeres, en gran medida, han tenido que mantener en privado sus recuerdos.

Cuando fueron puestas en libertad en los años 1970s y 1980s, pasaron a reconstruir sus vidas en el sur de la Florida. Algunas consiguieron títulos académicos, otras tuvieron que hacer trabajos domésticos. Muchas se casaron con antiguos prisioneros políticos, los que mejor comprendían su dolor y su orgullo.

Ahora, en el crepúsculo de su batalla, las antiguas prisioneras políticas que quedan - muchas de ellas llamadas plantadas porque rehusaron los programas de reeducación marxista - comparten un vínculo precioso. Sus historias, que raramente se escuchan fuera de los círculos de cubanos exiliados, son un testamento a su intrepidez y a su espíritu de desafío en una época cuando se esperaba que la mayoría de ellas - cubanas y americanas por igual - fueran dulces amas de casa y no armadas conspiradoras por la democracia.

Georgina Cid no había cumplido los 25 años cuando fue sentenciada a 20 años en 1961 por esconder una pistola "para conspirar contra los poderes el estado'', contra una revolución que ella había abrazado tras la muerte de Eladio hijo.

Cuando llegó a Miami en 1979 se había convertido, como tantas otras cubanas de su época, en un símbolo de un doloroso orgullo que jamás pudo ser quebrantado por sus brutales carceleros.
La mayoría de las presas políticas habían defendido la revolución pero se volvieron contra ella cuando Castro dejó de hablar de construir una democracia y, en vez de eso, se puso a hacer cárceles.
Así que las mujeres escondieron a jóvenes conspiradores, prepararon cócteles Molotov, trasladaron armas y distribuyeron propaganda anti-castrista. Se robaron las armas de sus padres fidelistas para llevarlas a la clandestinidad, aprendieron a montar estaciones de radio para hablarles a las masas o, como Zolia Aguila, conocida como la Niña del Escambray, subieron a las montañas de la parte central de Cuba para combatir contra el nuevo ejército revolucionario. Hicieron de todo con la esperanza de que el pueblo se alzara contra el dominio comunista de su joven nación. No era fácil hacerlo en un clima de terror alimentado por una TV que, todos los días, durante horas, mostraba sangrientos fusilamientos.

En la cárcel, las mujeres eran implacablemente castigadas, lo que sólo servía para unir aquella hermandad extraordinariamente diversa. Campesinas pobres como Olga Rodríguez Morgan y Aracelis Rodríguez San Román se mezclaban con la antigua aristocracia de la sociedad cubana como la abogada Albertina O'Farrill, que había sido la esposa de un embajador en los años de Batista o Polita Grau, la sobrina del antiguo presidente cubano, Ramón Grau San Martín, que vivió para lamentar su inicial apoyo a Fidel Castro.
El testimonio, sacado de contrabando, de un preso político y llevado a la Comisión Inter-Americana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos narraba la violencia de un Día de las Madres en 1961:

Habían cientos de nosotras, prisioneras políticas, en Guanabacoa, y nos querían trasladar a Guanajay, donde las condiciones eran insoportables... La cárcel quedó completamente rodeada por unos 600 hombres y mujeres armadas... Nos atacaron con mangueras de agua, con una presión entre 200 y 300 libras... Había una presa que tenía seis meses de embarazo y le dirigieron el chorro de agua directamente contra el vientre para hacerla abortar. Muchas de nosotras corrimos para protegerla y cubrirla con nuestros cuerpos. La presión del agua nos dejó una profunda marca en la piel que nos duró unos dos meses.

"Desde un punto de vista humanitario, independientemente de cómo pensáramos políticamente y respetando las creencias mutuas, estábamos juntas'', recuerda Luisa Pérez, una bibliotecaria de Miami, que estuvo entre las mujeres que se pusieron frente a la embarazada Raquel Romero para protegerla de las poderosas mangueras. El bebito sobrevivió. "Si le tocaban el pelo a una de nosotras, todas salíamos a defenderla''.

Luisa Pérez, Georgina Cid, Olga Rodrígez Morgan y Ana Lázara Rodríguez están entre las docenas de mujeres que sobrevivieron aquel violento Día de las Madres tras las rejas, pocas semanas después de la frustrada invasión de Bahía de Cochinos.’
Georgina acababa de regresar a su celda tras una visita de su madre cuando oyó ‘‘aquellos gritos terribles''. Las mujeres empezaron a sacudir la puerta de la celda para romper el cerrojo y sumarse a la pelea.

En Diario de una Sobreviviente: 19 años en una Cárcel Cubana de Mujeres, Ana Lázara Rodríguez describe la escena como "un caleidoscopio de patadas y puñetazos. ... Gente caía de ambos bandos... Pero los hombres tenían la ventaja del tamaño, el número y las armas''.
Cuando estalló el motín en el patio de la cárcel de Guanabacoa, Olga Morgan estaba siendo castigada en su celda. "Yo estaba en la Galera 5 y había estado haciendo un hueco para escapar así que cuando vimos tantos milicanos afuera pensamos que habían descubierto el hueco. Pero no, era una trampa para trasladar algunas mujeres a Guanajay, y golpear a las madres y familias que habían venido a vernos'', dijo Olga, que ahora vive en Ohio con su esposo James Goodwin.

"Fue un momento importante'', dijo. "Fue un momento en que empezamos a vernos a nosotras mismas como una sola''.

Olga Morgan era una guajira - una campesina - que se había criado en una región tabacalera, en una choza con piso de tierra. Como dirigente estudiantil en Santa Clara, se había enamorado de William Morgan, el comandante yanqui de las tropas de Fidel Castro.

Tras el triunfo de Castro, la pareja fue relegada a administrar una granja de cría de ranas en Pinar del Río. Rápidamente, William Morgan empezó a conspirar contra el giro de Fidel hacia el comunismo. Arrestado en octubre de 1960, fue fusilado cinco meses más tarde. Para el Día de las Madres de 1961, Olga Morgan había dejado a sus dos bebitas con su madre. Ahora era un viuda presa, condenada a 30 años.
Guanajay atemorizaba a las mujeres porque había sido construida para las peores delincuentes comunes durante la presidencia de Grau San Martín a fines de los años 40. La represión castrista hizo que, en cárceles como Guanajay, celdas hechas para una mujer tuvieran que albergar de 6 a 10 mujeres.

Entre las presas en Guanajay, estaba Polita Grau, acusada junto con su hermano Ramón de actividades contrarrevolucionarias, incluyendo ayudar a que 14,000 niños cubanos huyeran a Estados Unidos a través del programa Pedro Pan de la Iglesia Católica.
En el informe de la OEA del 4 de julio de 1962, sobre el traslado de Guanajay a la cárcel de Baracoa leemos:

Un nuevo sistema de férrea disciplina se ha impuesto en Guanajay. Los castigos sin causa se han hecho constantes. El mediodía del 4 de julio, llamaron a 25 mujeres por su nombre seguido de la palabra "Traslado''. El patio se convirtió en escena de una batalla campal. Insultos, gritos golpes, maldiciones, el ruido de cabezas rotas, sangre... una joven negra, Juana Drake, fue sacada de su celda, arrastrada y golpeada por milicianos que le gritaban "Camina, negra p...!'' A esta joven la condenaron a tres años adicionales con las delincuentes comunes porque había escrito en la pared, en español, inglés y francés, "Tenemos el derecho a ser libres''..

En total, 65 mujeres fueron trasladadas de Guanajay a Baracoa incluyendo a María Amalia Fernández del Cueto y su bebita Amadita, que sólo tenía 23 días y que apenas pudo sobrevivir el viaje. Las celdas de Baracoa estaban llenas de piojos y ratas y no había atención médica, excepto la que podían brindar presas como Caridad de la Vega e Isabel Rodríguez, ambas doctoras, a sus compañeras más jóvenes.

"Nos tuvieron allí durante seis meses'', dijo Gloria Argudín, que tenía 20 años y trabajaba como secretaria en la Universidad de La Habana cuando su padre, un médico fidelista, administraba el hospital de la universidad. Una día decidió llevarse algunas de sus armas y se fue para las montañas del Escambray. Fue capturada conspirando contra Castro en septiembre de 1960.

Gloria Argudín era la única mujer en un grupo de 12 hombres que, en dos carros, trasladaban armas, granadas y equipo de radio. Cinco de ellos fueron mandados al pelotón de fusilamiento tras un "juicio'' revolucionario al que asistieron 2,000 personas. La revista Bohemia los describió como antiguos rebeldes revolucionarios corrompidos y dedicados a servir "al monstruo imperialista del norte''.

Hasta el día de hoy, Gloria no soporta los balcones de los edificios altos. Es la herencia de haber sido colgada del techo de uno de ellos como parte de su interrogatorio. Y eso después de haber sido "fusilada'' por un pelotón de soldados, frente a una trinchera, con balas de salva. "Nunca lloro en esos momentos'', dijo en su apartmento de la Pequeña Habana. "Me pongo más furiosa. Me vuelvo una fiera''.

Amigas como Gladys Chinea, que estaba en la cárcel con Argudín, recuerda cómo los guardias le decían que amiga iba a afrontar el paredón.

"Nosotras oíamos, ‘Gloria Argudín, ¡paredón!', dijo Chinea. "Todas temblábamos en aquellas noches'''.

En 1963, después de Baracoa, las 65 mujeres y la bebita fueron devueltas a la cárcel de Guanajay. Pronto enfrentaron un nuevo método revolucionario de tortura: las celdas tapiadas.

"Nuestra llegada fue terrible'', dijo Olga Morgan. "Cada vez que bajaba una nos caían a golpes, así te llevaban a rastro y a golpes por las escaleras. Varias quedamos seriamente lesionadas''.

Con el tiempo, algunas de las mujeres fueron despojadas de sus ropas y metidas en celdas recientemente construidas en las que losas de concreto cubrían las ventanas. Tenían puertas de hierro con una ventanilla por donde se pasaba la comida y una jarrita. En la época de calor era un horno. Tocaban la Internacional Comunista constantemente.

"Aquellas celdas fueron construidas por mentes enfermas, por personas que pensaban que podían quitarnos nuestros principios, nuestras ideas, nuestra fuerza'', dijo Olga. ‘‘Estaban equivocados''.

El historiador cubano Pedro Corzo es un antiguo preso político cuya organización, Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo, documenta los abusos del régimen contra los derechos humanos. Corzo considera que el caso de las mujeres fue ‘‘único en su tiempo, frecuentemente sufriendo más abusos que muchos de los hombres''.

Pero ese sufrimiento las hizo más fuertes. Podian cantar y hace chistes y burlarse de sus carceleros. Y rezar.

A Polita Grau, que murió en el sur de la Florida en 2001, le encantaba tocar la guitarra, organizar coros de Navidad y entonar canciones religiosas prohibidas por el régimen ateo.

En Nuevo Amanecer, el perverso nombre de un campo de trabajo en la provincia de La Habana, Aracelis Rodríguez San Román recuerda como le gustaba a las muchachas escuchar cuando Polita hablaba de sus años como Primera Dama durante la presidencia de su tío. Araceli, Polita y La Niña del Escambray estuvieron entre las últimas plantadas allí a fines de los años 70.

Aracelis Rodríguez viene de una gran familia de 11 hermanos, gente de campo que cultivaba arroz, tabaco malanga y maíz en Pinar del Río. Con sólo sexto grado de estudios, era sumamente lista. Mantenía los libros del Frente Unión Occidental, un grupo anti-castrista que su tío dirigía para interrumpir el comercio saboteando puentes.

Ese tío, Esteban Márquez Novo, logró escapar a Estados Unidos, fue entrenado por la CIA y regresó a Cuba para hacer misiones y sacar algunos de sus sobrinos entre 1961 y 1964.

Dos de los hermanos de Aracelis también regresaron el 13 de mayo de 1964. Gilberto murió en combate. "Tenía una ametralladora y logró matar a dos o tres de ellos'', dijo Aracelis. Su hermano Arsenio escapó pero estuvo escondido durante casi un cuarto de siglo hasta que pudo huir en una lancha. Cuando supo la noticia de la muerte de su sobrino Gilberto, Márquez Novo, que dirigía el Frente, tomó la pistola y se suicidó.

Ese mismo día, Aracelis, su padre, su tío y otro hermanos fueron capturados. A ella la llevaron a las oficinas del G-2 en Pinar del Río. Querían que identificara el cuerpo de su hermano Gilberto. La llevaron a un cuarto donde había un montón de ropa en el suelo.

"Estaban llenas de sangre'', recuerda, "pero no vi el cuerpo. Durante años no supe si estaba realmente muerto''.

"La historia es tan espantosa. Nadie se lo imagina. Yo no hablo mucho de esto porque me hace daño''.

En 1979, Aracelis Rodríguez salió de Nuevo Amanecer y vino para Miami, junto con otros 3,000 presos políticos liberados. Tenía 39 años y estaba a punto de casarse con otro preso. Ahora viuda, Rodríguez se hace cargo de su madre de 98 años y de su tío Ramón San Román Novo, de 94, que pasó 24 años preso.

Cincuenta años. Familias diezmadas por pelotones de fusilamiento, asaltos, suicidios, largas cárceles. Mujeres puestas en libertad demasiado viejas para tener hijos.

¿Odio? No. Pero justicia sí.

"Yo soy una de esas personas que no perdona ni olvida'', dijo Gladys Ruisánchez, que cumplió 10 años de prisión. Su padre y su futuro esposo también fueron presos.

Hoy, Gladys ayuda a organizar eventos para reunir a las mujeres, y encontrar formas de ayudar a la oposición en Cuba, a grupos como las bibliotecas independientes que funcionan en las casas, dirigidas en ocasiones por familiares de los ex-presos políticos que quedan en Cuba.

Georgina Cid dice: "Lo único que me felicito de esa prisión es que tuve la oportunidad de conocer personas de muchos valores morales y espirituales. Que nos ayudamos y nos cuidamos mutuamente y aun ahora lo seguimos haciendo por que era un sufrimiento común. Nos preocupábamos cada una de las otras, y todavía seguimos haciéndolo porque compartimos un sufrimiento común''.

Al volver una página del libro de memorias de su difunta madre, que tiene cientos de sus cartas numeradas de prisión, Georgina detecta un amarillo recorte de periódico sobre la muerte de su hermano. El titular reza: "Cuba será libre por al sacrificio de sus hijos''. Y de sus hijas.

sábado, 4 de junio de 2011

Un dia en el cementerio de Colon.

De mi libro: Fidel me robaste mi ninez.
Por: Ena (Engie) ALvarez.

Anoche fue una madrugada con lluvia fuerte y muchos truenos, me desperte sobresaltada, los truenos sonaban en mi mente como disparos de balas, iguales a aquellos que una vez escuche, paradas mi madre y yo, frente a un peloton de militares, cuando despedian el duelo de no se que comunista que murio, y le rendian honores militares en el cementerio de Colon.

Frente al panteon del tio politico de mi mama, esta el Antiguo mausoleo del Ejercito Constitucional cubano, el cual saquearon tirando los restos de los militares de antes del 1959 que alli descansaban, al osario general o huesera como le decian desprectivamente.

Muchas veces fuimos de visita a llevar flores disimuladamente al panteon de tio, para poder llegar hasta la parte de atras del cementerio, donde esta el campo de tierra, sitio donde enterraban a los fusilados, el cual tenia prohibido el paso a cualquier persona, pero mi mama supo hacer una amistad que nos dejaba pasar, siempre y cuando se pudiera. Ella siempre tratando de ayudar, buscaba saber donde habian enterrado el fusilado que la familia le pedia buscara.

En varias ocasiones vi cuando llegaban los camiones con cadaveres metidos en sacos de yute, los que luego tiraban sin el mas minimo respeto, como si fueran sacos de arroz, en huecos hechos en la tierra, luego los sepultureros cuando querian, los cubrian de tierra.

Nosotras nos escondiamos en el deposito, estaba ubicado en la calle principal, al fondo, a mano izquierda, era un local grande, regado y lleno de polvo, alli se conservaban ataudes del tiempo de Espana, de cuando traspaso del Cementerio de Espada a Colon, estaban colocados unos sobre otros, eran de hierro, le llamaban las tiburonas, por su forma estrecha y alargada. Muchos se conservaban en perfecto estado, otros tenian el vidrio roto dejando ver partes del esqueleto de quien alli yacia con partes telas ya roidas por el tiempo, pero que aun conservaba un tono azul palido y crema. Algunas de esas raras cajas, tenian gravado el nombre de la persona a cincel en el tapa, otros eran lisos. Como desde nina me gusto la arqueologia y la historia, aquello era interesante para mi.

Como siempre en cada lugar de Cuba, trabajaba un informante del G2, el cementerio no era la excepcion, tambien habia quien observaba todo para informar cualquier movimiento, y nosotras sabiamos quien era el chivato del cementerio, ya lo conociamos de ir tantas veces y ver su actitud sospechosa. Horas antes de que llegara el entierro de un militar, pasaba barriendo la calle, para ver que tan despejado estaba el lugar.

Un dia de esos que buscabamos saber donde estaba enterrado un fusilado, coincidio con el entierro de un genizaro, vaya a saber quien era!, nunca lo supimos. Al regresar por la calle principal nos tropezamos con el entierro, ya estaban los militares formados y en posicion de disparar las salvas, mi mama tomandome fuerte de la mano sigue caminando para quitarse de enfrente de los disparos, es sabido que es muy peligroso estar cerca de disparos hechos al aire, pues la bala regresa a tierra impulsada por la gravedad. De pronto nos rodearon tres verde olivos y el chivato del cementerio, no nos dejaron caminar mas, dejandonos frente por frente a aquellos militares que disparaban al aire, parecia que estabamos frente al paredon de fusilamiento, fue algo terrible.

Fue algo horrible, mi mama me dijo asi fusilan estos genizaros, al mismo tiempo que pegandome a ella, me tapaba los oidos con sus manos para que no sintiera aquel ruido insoportable.

Una vez que acabo aquello uno de ellos le dijo a mi mama: espero que aprenda y no regrese mas. Se apartaron aquellos hombres y riendose dijeron larguense y vengan mas o va presa. Todo fue para hacerle pasar un susto pues sabian muy bien a que iba ella al cementerio. Claro que mi mama no les hizo caso, seguimos visitando el cementerio y tratando de interesarnos donde estaban los fusilados. ya despues cambiaron el sitio de los entierros, no supimos mas donde los llevaban.

Antiguo Panteon del Ejercito Constitucional cubano,
que fue saqueado por los comunistas

miércoles, 1 de junio de 2011

Una prueba mas de abuso y tortura cometida con mi madre en Cuba. La cara lo dice todo.

Foto tomada estando presa en Seguridad del Estado para un carnet, despues de haber salido de un interrogatorio y torturas. La cara lo dice todo. Sin palabras.