sábado, 26 de febrero de 2011

HERMANOS, AL RESCATE !!!


HERMANOS, AL RESCATE !!!
De nuevo, cubre el luto la patria mancillada
de nuevo, la ignominia nos llena de dolor…
de nuevo, por la sangre de cubanos, manchada
...son las aguas del golfo, por culpa de un traidor.

De nuevo, se alza el puño de la anciana ultrajada
y a su pálida arruga ya ilumina un fulgor…
y al bautizo del llanto que su cara mojaba
lo ha secado el coraje de un Marti redentor.
Y un machete, hoy empuñan sin importarle nada
los que esperan el grito de un Maceo sin temor
y son miles, las madres, que al igual que Mariana
hoy ofrecen el fruto de su vientre en amor.

Y en honor a los héroes que los cielos surcaban
al Rescate de Hermanos y abnegados de amor
se han borrado barreras, que tal vez separaban,
al Maceo del machete y al Marti de la flor.

Y las palmas, cual novias, orgullosas y erguidas
ven como un pueblo entero les defienden su honor
con las manos desnudas y entregando mil vidas
nada importa,… si a veces nos surgiera un traidor.

Ven, hermano, al rescate de la patria oprimida
el momento ha llegado, de una unión de verdad
Pues al tomar la mano,…de tu hermano, le das vida
al que entrego la suya,… para tu libertad.

Roger Silverio


miércoles, 23 de febrero de 2011

12 presos políticos cubanos muerto en huelga de hambre desde 1959

Recordemos a los 12 presos políticos cubanos han muerto en huelga de hambre desde 1959 hasta la fecha en varias cárceles de la isla.
Por: Engie Alvarez.


-Roberto López Chávez, de 25 años, fallecido el 12 de noviembre de 1966 en la prisión de Isla de Pinos, tras 70 días en huelga de hambre, comenzó su protesta tras una "salvaje golpiza" de los guardias. "Le trasladaron a una celda de castigo y le negaron agua, lo que empeoró su condición. Estaba tirado en el suelo boquiabierto y gritaba pidiendo agua cuando varios guardias entraron a su celda y uno orinó en su boca", dice el informe.


-Luis Álvarez Ríos, de 31 años, murió el 8/9/1967 en la prisión Castillo del Príncipe de La Habana. Había sido condenado a 20 años de prisión por contrarrevolución. Él y otros presos iniciaron una huelga de hambre pidiendo ser separados de los delincuentes peligrosos. Al 11vo día, las autoridades carce-larias aceptaron negociar y los presos depusieron la huelga. Pero, no se les prestó atención médica y, en cambio, se les sirvió comida pesada. Los presos médicos dijeron era peligroso comer así, ya que el cuerpo debe ingerir alimentos gradualmente luego de un ayuno. Un grupo de presos comió y Alvarez Ríos murió casi de inmediato. A la familia sólo se le permitió un funeral de dos horas.

-Francisco Aguirre Vidarrueta, 1967, en la prisión Castillo del Príncipe, de La Habana. "Se negaba a vestir el uniforme azul de los presos comunes y pedía ser reconocido como preso político".


-Carmelo Cuadra Hernández, murió el 29 de julio de 1969 en una prisión de La Habana en huelga de hambre, sin atención médica.


-Pedro Luis Boitel, 25 de mayo de 1972, 34 años, tras 53 días de huelga de hambre, "sin asistencia médica y maltratado por los guardias mientras agonizaba. Al morir, la Seguridad de Estado agredió a su madre viuda y la aisló en su casa".
-Olegario Charlot Spileta, 15 de enero de 1973 en la prisión de Boniato, Santiago de Cuba.


-Enrique García Cuevas, 23 de mayo de 1973, en la prisión provincial de Pretensado, Las Villas. Comenzó su huelga en la prisión de Manacas, ya débil por la desnutrición, en protesta por el trabajo forzado y las condiciones inhumanas. Con 25 días de huelga, lo trasladaron a otra prisión, donde murió sin atención médica


-Reinaldo Cordero Izquierdo, 21 de mayo de 1975 en una prisión de Pinar del Río. "Después de servir su sentencia de 10 años, se la aumentaron arbitrariamente. Durante su último año de reclusión había sido torturado severamente. Comenzó su huelga exigiendo su liberación y murió en su celda por complicaciones, sin atención médica".

-José Barrios Pedré, murió el 22 de septiembre de 1977 en la prisión Pretensado, Las Villas. Comenzó su huelga de hambre recluido en una celda de máximo castigo.

-Santiago Roche Valle, de 45 años, murió el 8 de septiembre de 1985 en la prisión Kilo 7 de Camagüey. Sufrió un paro cardíaco, sin haber recibido atención médica.


-Nicolás González Regueiro, de 42 años, 16 de septiembre de 1992 en la prisión de Manacas, Villa Clara, cumplía 4 años de prisión "por distribuir propaganda enemiga, cuando le salió una úlcera duodenal. Comenzó su huelga para protestar la falta de medicina y su encierro entre delincuentes".


-Orlando Zapata Tamayo, reconocido como preso de conciencia por Amnistía Internacional."Luego de numerosas palizas y torturas, comenzó su huelga exigiendo su integridad física y ser reconocido como preso político. Por 18 días, se le negó agua de tomar, lo que condujo a insuficiencia renal. Luego, lo dejaron desnudo bajo un aire acondicionado y le dio neumonía. Horas antes de su muerte, lo llevaron a un hospital".

Los golpes y humillaciones recibidas siendo ninos no se olvidan jamas.


Los golpes y humillaciones recibidas siendo ninos no se olvidan jamas, quedan en el alma. Es imposible olvidar cuando se ha criado uno con el sufrimiento diario.

Muchas veces despues de recibir golpes de los companeritos de escuela, cuando me gritaban hija de esbirra, tu mama es una asesina, eres una blanca sucia. Me sentaba y quedaba con la mente en blanco, sin poder comprender lo que pasaba, cuantas veces me pregunte porque!!?, porque me hacen esto?.

Despues en el aula, la maestra nos contaba las cosas humillantes que le hacian a los ninos negros en Estados Unidos, yo inocentemente preguntaba: yo no soy una nina negra, ni estoy en los Estados Unidos. Me dicen blanca sucia, y las negras me dan golpes, porque lo hacen, porque soy blanca?.

Esa observacion era motivo para llevarme a rastras a la direccion de la escuela, ponerme de castigo, ademas de citar a mi mama al Colegio para darle las quejas.

Fue un dano psicologico muy cruel lo que hicieron conmigo.

sábado, 19 de febrero de 2011

Los que no fuimos pioneros.

 
 
Aunque yo jamas fui pionera, de todas formas me obligaban, a participar en las actividades de los pioneros, pero en las actividades menos deseadas, como eran marchar y marchar, aprenderse de memoria los himnos y las consignas revolucionarias y comunistas.  Las actividades mas deseadas como eran, llevarnos a excursiones, al zoologico, acuarium, o competencias entre escuelas, nunca me dejaron asistir, no podia ir nadie sin panoleta. 

Jamas hice el saludo pioneril, logico, yo no pertenecia a dicha organizacion, y yo tan feliz!.  Jamas me dejaron izar la bandera cubana, acto patriotico que siempre anhele hacer, pero nunca dejaron que lograra mi deseo. Que verguenza hacerle semejante atrocidad a un nino cubano!

Sin embargo, en Venezuela, mi segundo pais, y siendo extranjera, mientras trabajaba en el Colegio Cecilio Acosta de Caracas, si pude izar y arriar la bandera venezolana. Que gran honor!. Viva Venezuela!

martes, 15 de febrero de 2011

EL MAYOR ALEXIS
Por: Iliana Curra.

A finales del año 1994 tenía unos cincuenta años de edad. Era, lo que se dice en Cuba, un mulato. Alardeaba ser un periodista graduado de la universidad, pero lo que realmente hacía, era reprimir a los prisioneros políticos. Estaba asignado con esa misión en las cárceles de Valle Grande (para hombres) ...y en la Prisión de Mujeres de Occidente, más conocida por ”Manto Negro”.
Lo conocí en los primeros días de haber llegado a la cárcel correccional de “Manto Negro”. Me llevaron a la oficina de la jefa del lugar y allí estaba él, circunspecto y con cara de aspirante a James Bond para decirme cómo debía comportarme. Discutimos y hablamos sobre derechos humanos. Nunca reconoció que su régimen violaba los más elementales derechos de los cubanos. Nunca reconoció que reprimían al pueblo. Para él y su gente todo se reducía a que tenían que proteger la revolución. Una revolución en la que habíamos nacido muchos de los que ahora cumplíamos cárcel por oponernos. No podía entender, aunque quisiera, que su revolución no era más que una cruel tiranía que aplastaba nuestras libertades civiles.
Su comprometimiento con el régimen era tal, que ya ostentaba grados de Mayor del Ministerio del Interior. Su lista de reprimidos debe ser tan larga como su poca condición de hombre. Su labor de reprimir a mujeres tiene que haber sido su mayor éxito en un sistema que se jacta de haberlas liberado.

Alexis. Quizás ni siquiera se llama así. Los oficiales de la Seguridad del Estado casi nunca utilizan sus nombres verdaderos. Prefieren el anonimato a su verdadera identidad para evitar futura justicia en una Cuba que será libre, a pesar de ellos. Su nombre así, a secas, era el que utilizaba para presentarse ante los presos políticos y sus familiares.
La última vez que lo vi fue cuando me encontraba en una celda de castigo del correccional. De allí me sacaron y me condujeron a la oficina de la capitana que fungía como la jefa. Ella se retiró inmediatamente y por la misma puerta entró Alexis con pasos de cowboy triunfante. Su sonrisa sarcástica me auguraba una fuerte discusión, de la cual yo no saldría ganando. Pero quien me llamó la atención fue la persona que entró pisándole los talones. Era un hombre de la raza negra, tan alto que apenas cabía por la puerta. Su espalda y brazos eran típicos de un levantador de pesas. Parecía todo un deportista, pero era un agente de la Seguridad del Estado también.
Alexis se sentó frente a mí y él se quedó parado como para predominar en aquel sitio aislado donde nadie podía oírnos. Si su idea era amedrentarme, realmente no lo logró. Me molestó tanto su presencia arrogante y prepotente que mis primeras palabras fueron para él. Le dije exactamente: “¿Y este negro tan fuerte qué hace aquí? “ “Debiera estar cortando caña para su revolución que bastante falta le hace”. “Es más, debiera trabajar en la construcción para que ayude a su revolución a construir y no estar reprimiendo mujeres”. Me miraba serio y con ganas de matarme. Ni siquiera habló. Continuó en su posición de fuerza, parado y mirando con odio a alguien que apenas pesaba unas 100 libras como yo.
Alexis, cínico al fin, se reía en tono de burla. No entendí nunca por qué hicieron esa prueba de fuerza, o si era parte de un show para atemorizarme. La verdad es que me molestó mucho su presencia intimidatoria y no me quedé callada.
Alexis y yo discutimos fuertemente. Le dije todo lo que quise, y él me ripostaba con su retórica marxista, jactándose de ser un guardián del sistema que lo había creado. Me mencionó otros prisioneros políticos que ya había reprimido y que continuaba reprimiendo. Sus palabras todavía suenan en mis oídos: “Te voy a desaparecer de La Habana”. Quien dude que ellos tengan el poder en Cuba no conoce la realidad del país. El poder judicial está bajo el control de la Seguridad del Estado, que es quien te acusa, te condena y te envía para donde quiera, incluyendo el cementerio.


El poderoso Mayor de la GESTAPO cubana tenía luz verde para reprimir sin miramientos a los prisioneros político, porque de eso viven ellos. Nadan en las aguas turbias del totalitarismo brutal del comunismo. Nadie los cuestiona. Y el mundo, indiferente al dolor de los cubanos, voltea el rostro para no saber más de lo que deben saber.
Estando en la celda especial de castigo, ubicada en un destacamento para presas infectadas con el virus del SIDA, no recibí la desagradable visita de Alexis. Después de todo ya tenía bastante con los insectos, las ratas, el hambre y el intenso frío que tuve que padecer por casi mes y medio hasta que fuera trasladada como mayor castigo a una provincia lejana. Nunca más supe de su persona, aunque me imagino haya continuado reprimiendo y amenazando a cuanto prisionero político haya encontrado en su camino. Quizás su permanente adicción al alcohol haya terminado con su carrera abusiva y denigrante y ande por alguna calle habanera, perdido entre tragos de “chispa e’ tren” y delirios de persecución.

Sabe Dios si el propio alcoholismo haya provocado en él visiones fantasmales que le recuerdan su floreciente época represiva contra aquellos que decidieron enfrentarse a una dictadura que todavía pisotea al pueblo cubano. Y en su delirio enfermizo, vea los rostros de algún que otro prisionero que murió en la cárcel sin atención médica cuando era él quien decidía por su vida.
Eso, lo confirmaremos cuando volvamos a hallarlo, esta vez ante los tribunales, si es que no fue a encontrarse en el infierno con su incondicional socio de represiones, el tristemente célebre,
Coronel Nelson de Armas.

Posted by Iliana Curra at 7:12 AMVer más