lunes, 13 de junio de 2011

Las clases de piano.

De mi libro: Fidel me robaste mi niñez.

Siempre me gusto la música, creo que lo herede de mi abuela, ella cantaba muy bonito, conocía infinidad de canciones que en las tardes me ensenaba, yo las aprendía fácilmente, era como si las conociera de siempre.

La recuerdo escuchando junto a mi abuelo algunos pasodobles y también llorando, quizás porque pensaba en su familia o el tiempo feliz, antes de llegar el comunismo que hasta con la música termino.

Había en la casa un solo radio, los demás se los llevo el G2 en sus saqueos, era verde, de mi mama, en el escuchaba “La voz de las Américas”, emisora de USA que milagrosamente se captaba en la onda corta, por aquel tiempo. Por cierto, ese radio lo tuvo unos meses en el penal de Guanajay.

En el closet había muchos discos de esos antiguos, los de pasta negra de 78 RV, esos que hacen ra,ra,ra, pero no teníamos tocadiscos, se lo llevaron los genízaros, junto con las grabadoras y las cintas grabadas, buscando mensajes secretos de la CIA, el FBI o Díaz Lanz (mi tío político), los cuales nunca encontraron, porque no existían tales mensajes.

La colección de discos era antiquísima, un valioso tesoro que se había escapado del saqueo en los registros del G2. Todos fueron cuidadosamente colocados por mis abuelos y bisabuela en cajas, a las que se les había colocado alcanfor, como repelente de polillas (que difícil fue conseguir el alcanfor en las farmacias). También se conservaban las partituras hechas a mano por mi tía abuela Celina y dos de puño y letra del compositor cubano Ernesto Lecuona, pues tía Celina, había sido por corto tiempo, antes de casarse, miembro de su coral.

En casa de mi bisabuela por parte de madre, Emilia Perez-Castaneda, también hubo registros, buscaban datos y papeles de nuestra familia, era ella hija de quien fuera gobernador de Pinar del Rio en tiempos de España, sobrina de Tiburcio Perez-Castaneda y Triana, Marqués de las Taironas, ilustre personaje de renombre histórico en Cuba, primo hermano de Vicente Martinez-Ybor, fundador de Ybor City, Tampa, Florida, USA.

A la edad de siete años, mi mama quiso que yo estudiara piano. Busco una profesora dispuesta a darme clases particulares, yo no podía asistir a la única academia que quedo en pie después de cerrar conservatorios, porque no éramos integradas. La maestra que consiguió cerca de casa, vivía en la Avenida 19, se llamaba María Lola, fue tan cariñosa conmigo, tan paciente, si, es yo era muy inquieta, debo confesar que no me gustaba mucho el piano, prefería el órgano y la marimba.

Un día de repente en 1969, nos dio la noticia de que le había llegado la salida del país, llore muchísimo, otra persona más que yo dejaría de ver, quizás por siempre. No pude recibir por mucho tiempo las clases de piano, así que me quede con el segundo año de piano aprobado, y medio del tercero.

Fue difícil conseguir otra profesora, casi todas emigraban, las pocas que quedaban, cuando se enteraban que mi mama fue presa política y cuñada de Díaz Lanz, decían que no tenían cupo. Lógico, tenía miedo relacionarse con nosotras, aceptarme como alumna era un riesgo grande, quizás estaban esperando la salida del país calladamente, podían negarle el viaje y sabe Dios que más, hasta acusarla de agente de la CIA, de enviar mensajes en clave de sol con respuestas en clave de fa, no exagero, es así. La marcada obsesión de que USA los espía, llega a límites inimaginables.

En casa de tío Hendel, (capitán retirado del Ejercito Constitucional cubano) había un piano de cola precioso, siempre permanecía cerrado, un hermoso mantón español colocado encima lo resguardaba. El no quería que nadie lo tocara, había sido de tía Celina, su esposa y la única hermana de mi abuela, que murió de parto siendo muy joven.

En ese piano practico Arturo, uno de sus hijos, desde que lo enviaron a USA en 1960, se cerro y nunca más se volvió a abrir, no había deseos de escuchar música, teníamos demasiado dolor en la familia, saqueos, presos, fusilados, divisiones, emigraciones.

La historia típica de tantas familias divididas por el comunismo, casas que antes eran alegres, llenas de vida, se convirtieron en sitios penumbrosos, llenos de arboles que daban aspecto de abandono para unos, menos para los que conocíamos de la cruel soledad que deja la separación.

Al salir mi mama de la cárcel, en raras ocasiones, quizás en cumpleaños de alguno de nosotros, tocaba el piano, había una pieza que debía ser interpretada a cuatro manos, un boogie boogie que le gustaba mucho, y me enseno, la tocábamos juntas. Buscaba la forma de alegrar un poco a tío Hendel y a mi bisabuela que vivió allí, la mayor parte del tiempo, desde que falleció su hija Celina, se dedico a cuidar de los dos niños al morir su segunda hija.

A principios de los 60 se quedo permanentemente, al expropiarle “La Reforma Urbana” su casa.

Alguien denuncio al gobierno que ella vivía en Ampliación de Almendares, en casa de su yerno y esa otra casa en El cano, estaba vacía, y podían dársela a alguien necesitado del pueblo. Esa era su residencia honradamente comprada hacía muchos años por ella y su esposo. Descaradamente se la robaron para entregarla a unos destructores que la convirtieron en casa de vecindad, creo que hoy en día solo queda el terreno.

Mi mama tocando el piano, aquí en Miami. 1992.

5 comentarios:

  1. Engie,excelente relato.Lo copie en mi blog.

    saludos

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  2. Hola Engie
    Si lo deseas me puedes escribir a kynthiarcapote@gmail.com
    Tiburcio era mi tio tatarabuelo, y me gustaria intercambiar historias de aquellos tiempos. Ademas estoy construyendo un arbol gineacologico. Me gustaria, por ejemplo saber, de cual de sus hermanos era hija emilia perez castaneda. Saludos

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    1. Con gusto te escribire, somos primas en tercera generacion.

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  3. P.S Pues segun mi informacion, el tenia una hermana que se llamaba emilia perez castaneda tambien....Kynthia

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